lunes, 28 de julio de 2014

Biblia, Diálogo vigente (El Miedo) CANAL 21

Queridos amigos:

Les comparto un video imperdible. Recuerden poner pausa en la música de fondo del blog para poder oir claramente este mensaje. 


lunes, 21 de julio de 2014

De “Nicodemo, el hagiorita” (1749–1809):

Otro Gran maestro de oración extraído de la filocalia (Amor por lo bello)
 
• De qué manera el espíritu entra en el corazón....El espíritu, una vez en el corazón, no se detenga solamente en la contemplación, sin hacer nada mas. Allí encontrará la razón, el verbo interior gracias al cual razonamos y componemos obras, juzgamos, examinamos y leemos libros íntegros en silencio, sin que nuestra boca profiera una palabra. Que vuestro espíritu entonces, habiendo encontrado el verbo interior, sólo le permita pronunciar la corta oración llamada monológica: «¡Señor Jesucristo, Hijo de Dios, tened piedad de mí!»
Pero esto no basta. Debéis además poner en movimiento la potencia volitiva de vuestra alma, en otros términos, decir esta oración con toda vuestra voluntad, con toda vuestra potencia, con todo vuestro amor. Mas claramente, que vuestro verbo interior aplique su atención, tanto con su vista mental como con su oído mental, a esas únicas palabras, y mejor aún, al sentido de las palabras.

 
 Así, permaneciendo sin imágenes ni figuras, sin imaginar ni pensar ninguna otra cosa, sensible o intelectual, exterior o interior, se producirá algo bueno. Pues Dios está mas allá de todo lo sensible y lo inteligible. Por lo tanto, el espíritu que quiere unirse a Dios por la oración debe salir de lo sensible y lo inteligible y trascenderlo para obtener la unión divina. De allí las palabras del divino Nilo (Evagrio): «En la oración, no te figures la divinidad, no dejes a tu espíritu sufrir la impronta de una forma cualquiera, permanece en cambio, inmaterial ante lo inmaterial, y tú comprenderás».
 
• Razones por las cuales se debe retener la respiración durante la oración. Dado que vuestro espíritu –el acto de vuestro espíritu tiene por costumbre extenderse y dispersarse sobre los objetos sensibles y exteriores al mundo, es necesario qué, al pronunciar esta santa oración, no respiréis continuamente como se acostumbra según la naturaleza.
Retened un poco vuestra respiración, hasta que vuestro verbo interior haya dicho una vez la oración. Entonces respirad según la enseñanza de los Padres.

viernes, 18 de julio de 2014

De “Nicéforo, el solitario” (segunda mitad del siglo XIII):

La enseñanza de un Gran Maestro de oración de la filocalia (amor por lo bello)
• Por tu parte, como te digo, siéntate, recoge tu espíritu e introdúcele –me refiero a tu espíritu – en tus narices; es el camino que toma el soplo para ir al corazón. Empújalo, fuérzalo a descender en tu corazón al mismo tiempo que el aire inspirado. Cuando esté allí, verás la alegría que seguirá: no tendrás que lamentar nada. Del mismo modo que el hombre que vuelve a su casa después de una ausencia no puede contener la alegría de reencontrar a su mujer y sus hijos, así el espíritu, cuando se ha unido al alma, desborda con una alegría y una delicia inefables.
 
Hermano mío, acostumbra entonces a tu espíritu a no apresurarse a salir. En los comienzos le faltará celo, es lo menos que se puede decir, para esta reclusión y este encierro interiores. Pero una vez que haya contraído el hábito, no experimentará ya ningún placer en los circuitos exteriores.
• Agradece a Dios si desde el principio puedes penetrar con el espíritu en el lugar del corazón que te he mostrado.
• Comprende que, mientras tu espíritu se encuentre allí no debes callarte ni permanecer ocioso.
 
Pero, no debes tener otra preocupación ni meditación que el grito de: «¡Señor Jesucristo, Hijo de Dios, tened piedad de mí!». Ninguna tregua, a ningún precio. Esta práctica, manteniendo tu espíritu al abrigo de las divagaciones, lo vuelve inexpugnable e inaccesible a las sugestiones del enemigo, y, cada día, lo eleva mas en el amor y en el deseo de Dios.
Pero si, hermano mío, a pesar de todos tus esfuerzos, no llegas a penetrar en las partes del corazón conforme a mis indicaciones, haz como te digo y, con la ayuda de Dios, alcanzarás tu objetivo. Sabes que la razón del hombre tiene su asiento en el pecho. En efecto, es en nuestro pecho donde hablamos, decidimos, componemos nuestros salmos y nuestras oraciones mientras nuestros labios permanecen mudos. Después de haber arrojado de esta razón todo pensamiento (tu puedes hacerlo, solo necesitas desearlo) entrégale el «¡Señor Jesucristo, tened piedad de mí!» y dedícate a gritar interiormente, con exclusión de cualquier otro pensamiento, esas palabras.
Cuando con el tiempo hayas dominado esa práctica, ella te abrirá la entrada del corazón tal como te lo he dicho y sin ninguna duda. Yo lo he experimentado en mi mismo. Con la alegría y toda la deseable atención tu verás venir a ti todo el coro de las virtudes, el amor, la alegría, la paz y todo lo demás. Gracias a ellas todas tus demandas serán acogidas en nuestro señor Jesucristo...

jueves, 17 de julio de 2014

SOBRE EL SUFRIMIENTO

Escrito por Hno. Heraldo del Santo Abandono

Queridos hermanos, quería comentarles algo sobre el sufrimiento, lo que he meditado sobre él en los períodos en que se me hizo compañero de viaje.

He tratado de ver en qué consiste, cuál es su característica esencial y me pareció ver que el sufrimiento no es sentir angustia, dolor, ansiedad, tristeza, tedio de la vida, desgana, pereza de vivir. No, todo eso puede surgir por diversas circunstancias de nuestra vida social, por diversos acontecimientos, por nuestra misma constitución orgánica y nuestra propia psicología, puede surgir por causas conocidas o desconocidas, voluntarias o involuntarias, causas algunas que tienen solución y otras que no, o que la tienen muy difícil.

Creo que podemos “padecer” todas esas cosas y sin embargo no sufrir. Porque creo que el sufrimiento es otra cosa. Creo que el sufrimiento lo generamos nosotros, fuera existe el dolor, el padecer, pero el sufrir está en nosotros, el origen del sufrimiento es una “disconformidad“.

Es resistir lo real, rebelarse contra lo que acontece una vez acontecido, es rechazar lo que está y desear ardientemente lo que no está
 

Es un producto de nuestros deseos, cuando le damos preeminencia sobre lo real, cuando ellos no se “conforman“, no se adaptan con lo real.

El sufrimiento es una atención a un deseo insatisfecho, por eso la raíz del sufrimiento está en el deseo, pero tiene además un componente cognitivo, perceptual, dirigir nuestra atención a lo que no es, poner nuestros ojos en lo que hubiéramos querido que fuera pero que no es, dar nacimiento a una ilusión.
 

Si el sufrimiento es una disconformidad, la paz está en la conformidad, “conformarse” a lo real, a lo que acontece, a lo que tenemos.

Esto no implica no buscar aquellas buenas cosas que legítimamente podemos desear, no trabajar por nuestro progreso en las distintas dimensiones de nuestra vida, no luchar por la justicia, caer en un fatalismo resignado, en una perezosa pasividad.

Por el contrario, significa poner de nuestra parte todo nuestro empeño en busca de lo mejor, tanto empeño como si todo dependiera de nosotros y nada más que nosotros, pero esperar y aceptar el resultado como si todo dependiera de Dios. Esta actitud es la que nos traerá la paz.
 

Lograr esta conformación con lo real, lograr no resistir lo que es y no ansiar vehementemente lo que no es, creo que sólo ocurrirá si ponemos nuestro deseo en lo único que nos sacia completamente y en lo único que tenemos con absoluta certeza, Dios, el Dios que nos ama incondicionalmente.
 

Toda criatura, entendiendo por ello toda cosa, persona o circunstancia, no nos sacia por completo, y en cualquier momento podemos carecer de ella. Dios es la única realidad que nos sacia completamente. Nuestro corazón, por Él creado ha sido por El diseñado para descansar en Él, “Nos hiciste Señor para Ti y nuestro corazón estará inquieto hasta que descanse en Ti” decía San Agustín.

Dios es además, lo único que tenemos siempre, Dios nos está amando permanentemente, incluso cuando pecamos él nos sigue amando, Él no puede no amar.

No se trata de querer lograr una aceptación resignada, fría, dura y voluntarista de lo que sucede, de lo que es, no se trata de una actitud estoica, sino de saber por la Fe, o sea creer, que lo que sucede, lo que es, aunque sea doloroso, es el “lugar” y el “momento” donde puedo unirme con Dios, es la ventana a través de la cual me conecto con el Eterno, es la única oportunidad que tengo de conformar mi voluntad con la de Dios, el llamado por algunos “sacramento” del momento presente.

Practicar la aceptación amorosa de lo real (repito, una vez que hayamos hecho todo lo que podamos para que suceda lo que honestamente creemos es lo mejor para nosotros y lo que nos rodea), decía que practicar esta aceptación es un acto tremendamente liberador.

Lo que nos esclaviza no es sujetarnos a lo que es, sino al contrario apegarnos a nuestros deseos que no son. Esclavo se es de las ilusiones.

Y la posibilidad de hacer esta aceptación amorosa es el saber por la Fe, o sea creer, que nada se le escapa a la amorosa Providencia de Dios.
 
Este tema es muy delicado y ríos de tinta se han vertido tratando de relacionar la Providencia de Dios con el hecho de la existencia del mal, del dolor, en sus varias manifestaciones.

La reflexiones de la mente en algunos momentos me ayudaron, pero cuando el aguijón del dolor penetró en lo más profundo de mi corazón, ningún argumento racional me dio paz, sino sólo una actitud, creer firmemente que ese dolor de algún misterioso modo, desconocido por mi razón, contribuía a mi perfección, a mi liberación, en definitiva a mi salvación, la que siempre Dios me está ofertando en Jesús. 

No sé por qué tal dolor, no sé por qué ese y no otro, no sé si era la única opción posible o no para mí, no sé si es ocasionado sobre todo por mí mismo, mis acciones, o por la conjunción de innumerables variables genéticas, sociales, históricas, económicas o por disposición divina.

No lo sé, pero sí sé una cosa: que Dios es infinitamente Bueno, infinitamente Sabio e infinitamente Poderoso, y que ni un cabello cae de nuestra cabeza sin su consentimiento como dice Jesús en el Evangelio, por lo tanto, en esta situación, más allá de si sea ella buscada, querida o solamente permitida por Dios (nada sucede sin su permiso) no me pongo a indagar tanto en ello, sé por la Fe, o sea creo, que su Bondad, Sabiduría y Poder infinitos, respectivamente Desea, Sabe y Puede sacar de cada situación, hacer surgir de ella y a través de ella mi bien principal, es decir la redención, la salvación.

Sabiendo esto, creyendo esto, trato de abandonarme a su voluntad. Cada vez que ocurrió de las veces que lo intenté, la paz llegó a mi corazón y allí se alojó. La paz es el fruto del Santo Abandono.

martes, 15 de julio de 2014

DECLARACIÓN DE DOMICILIO

Queridos amigos: No olvidar pausar la música del blog para escuchar la canción. Deberán clickear sobre las líneas perpendiculares del ícono "música bella" a la derecha en la parte inferior de este blog.

miércoles, 9 de julio de 2014

TU ERES DIOS


Podrán decirme que no existes
Que eres producto de la imaginación
Que la mente fabrica sueños
Y los sueños son una ilusión
Podrán negarme tu existencia
Dirán que el delirio me embargó
Que soy un poco ingenuo
Por buscarte en el silencio
Y la quietud de la Creación…
Pero ellos no saben que la vida
Nace en el silencio de tu voz
Que la quietud es movimiento
Del universo en expansión…
Podrán decirme lo que quieran
Pero yo escucho al corazón
Y él dice que Tú eres el Padre
Único Dios y Señor…
Pablo de la Cruz.-

lunes, 30 de junio de 2014

UN CAMINO DE TRANSFORMACION


En términos de camino espiritual, no es suficiente comprender intelectualmente, es esencial "comprender con el corazón". Pero... ésto ... no lo hacemos nosotros solos. 
 

El conocimiento espiritual de que somos un alma, un ser hecho a imagen y semejanza de Dios, cuya naturaleza original es la paz y la estabilidad inalterables, cuyo estado natural es de equilibrio y bienestar, es fruto de una vida de ORACION o Encuentro personal con Dios en silencio y quietud para llegar, con Su Gracia, a la comprensión de Dios, su Revelación en Jesucristo, nuestro benefactor constante y benevolente, con quien, si sintonizamos nuestro corazón, accederemos al inagotable caudal de Frutos y Dones de Su Santo Espíritu.


No es suficiente entenderlo intelectualmente, necesitamos SABERLO, pero para ello, deberemos, sobre todo, tener la disciplina de ir a Su Encuentro, por medio de la práctica de la ORACION de silencio y quietud. El fruto de ello es vivenciar esa plenitud del Señor, ya que el alma experimenta crecimiento e iluminación sólo en unión con El.

 
Para avanzar espiritualmente, es muy importante convertir nuestra vida en un camino de ORACION, de encuentro con el Terapeuta Divino que obrará, si se lo permitimos, grandes maravillas de transformación en nuestras almas y sólo así podremos obrar de acuerdo a Su Voluntad.
 
Por otra parte es bueno destacar que, cuando transmitamos el Evangelio a otros, lo haremos con el entusiasmo y el brillo que viene de esa experiencia. A su vez ello se convertirá en una fuente de inspiración para los demás: los llenará de coraje y motivación para aplicarlo también en sus vidas y perseverar en ese Encuentro con Cristo.
Debemos, sin embargo, tener presente que ésto no se logra con nuestro esfuerzo personal, sino con la Gracia que Nuestro Señor quiera regalarnos. Recordemos que: "No vamos a buscar las delicias del Señor, sino al Señor de las delicias". (S. Francisco de Sales).
 
Te invito a separar dos momentos breves de tu día (uno por la mañana y otro por la tarde o noche, de 30 minutos cada uno), para practicar la oración de quietud y silencio invocando el Santo Nombre del Señor y déjale obrar a El.
 
Buscarás estar quieto/a, sentado/a cómodamente, relajado/a, tranquilo/a, respirando profunda y lentamente por nariz, ojos cerrados, columna derecha y comenzarás a repetir mentalmente la frase sagrada: "SEÑOR JESUCRISTO" al inhalar y "TEN MISERICORDIA DE MI", al exhalar. No olvidar relajar bien todos los músculos del rostro. Estar atentos, pero sin tensiones.
 
Notarás cuán bello es el Señor. No necesitas pedirle nada. El sabe lo que te hace falta. Sólo quiere tu gesto de confianza orando de esta forma: en silencio y quietud. "VENID A MI LOS QUE ESTAIS AFLIGIDOS Y AGOBIADOS QUE YO LOS ALIVIARE" (Mt 11, 28).
 

Susana Topasso