miércoles, 10 de septiembre de 2014

EL REGALO INMENSO DE LA RECONCILIACION

A la protagonista de aquella historia -una respetable mujer norteamericana-, le atormentaba por una parte la culpabilidad de haber abandonado su fe, y por otra el deseo de volver a ella.
        "Sin embargo -decía-, me horrorizaba la idea de entrar en un confesonario. Una vida entera de pecado que me paralizaba.
        "Hasta que un fin de semana de reunión familiar, mis hijos empezaron a hablar de en dónde deseaba cada uno ser enterrado. Y sentí el terrible impacto de la realidad, de la verdad. Me di cuenta de que, a pesar de no haber vivido como cristiana, quería morir como tal. 
         "Había logrado, aunque penosamente, racionalizar mi carencia de fe en la vida, pero no podía llevar la mentira hasta la muerte. Y tomé la decisión de confesarme. Y lo hice. En pocos instantes, experimenté el retorno de mi dignidad. Me sentía ligera y libre. Al descargar todo ese lastre, había dejado a Dios entrar de nuevo en mi vida. Y sentí una nueva suerte de libertad". 
        A veces cuesta mucho aceptar la verdad. Incluso cuando ya la conocemos con certeza. Incluso cuando la conocen también quienes nos rodean, y nosotros sabemos que lo saben. Aquella mujer plantó cara a la mentira gracias al pensamiento de la muerte, y se unió a esa gran cantidad de escépticos en materia de religión que dejaron de serlo en cuanto se presentó la callada cercanía de la muerte. Como ha escrito Lloyd Alexander, "una vez que tienes el valor de mirar al mal cara a cara, de verlo por lo que realmente es y de darle su verdadero nombre, carece de poder sobre ti, y puedes destruirlo".
         Siempre hay una mentira en la raíz de todo desánimo, un apartarse de la verdad, de la realidad. Cuando la enfermedad o un riesgo imprevisto hacen ver que estamos como colgados de un hilo sobre el abismo de la eternidad, aquel antiguo escepticismo -tan firme en esos días en que la muerte se veía como una eventualidad lejana- deja de ser una postura cómoda. La pregunta sobre qué hay después de la muerte deja de ser una cuestión ociosa y pueril. La desdeñosa seguridad de antes se trueca en una incertidumbre cruel que agita el alma.

        "Para nosotros, los demonios -cuenta con gracia Lewis en Cartas del diablo a su sobrino-, resulta enormemente desastroso en los hombres ese continuo acordarse de la muerte. Lo ideal es que mueran en costosas clínicas, entre doctores que mienten, enfermeras que mienten, amigos que mienten prometiéndoles vida, estimulando la creencia de que la enfermedad todo lo excusa, omitiendo toda alusión a un sacerdote...".
 
        Hablar de la muerte no tiene por qué ser una locura o una morbosidad. Incita a buscar significado a la existencia. Como escribió Séneca, "se precisa de toda la vida para aprender a vivir; y, lo que es más extraño todavía, se necesita toda la vida para aprender a morir". Pensar en la muerte obliga a las personas a pensar en cómo llevan la vida.
 
Alfonso Aguiló

lunes, 1 de septiembre de 2014

CRISTIANISMO Y MISTICA ... continuación (ver entradas antiguas)


Queridos amigos, estas exposiciones son la continuación de un trabajo que les comparto desde Octubre 2013. De manera que pueden dirigirse a las entradas de esa época, todos aquéllos que no las han visto. Gracias por vuestro apoyo y seguimiento. 

LA ESCUELA RENANA

Son tres grandes figuras místicas: El Maestro EcKhart, Enrique Susón y Juan Taulero, tres teólogos, predicadores, místicos dominicos que representan lo más granado de los llamados “místicos renanos” del siglo XIV. Los tres formaron parte del ámbito cultural-teológico promovido, desde Colonia principalmente por san Alberto Magno (1206-1280), muy impregnado del aroma de la teología neoplatónica-agustiniana, aunque ya conocían la doctrina tomista. Las enseñanzas filosóficas y místicas de santo Tomás de Aquino, no habían logrado todavía su implantación real en los Estudios Generales de la Espiritualidad Dominicana.

Maestro Eckhart (1260-1328) 
 
 Ocupó la cátedra en París, fue la eminencia intelectual que dio origen y marcó el estilo de la “escuela teológica-mística renana”. Como genio intelectual, gustó las delicias del saber filosófico-religioso occidental y oriental; trató de fundirlo todo en una profunda Unidad de visión en el ser, en la contemplación, en Dios; y pergreñó una peculiar teología espiritual en la que una Deidad supraesencial “Omnicomprensiva” se halla más allá de toda palabra y concepto, pero entra creativamente en relación con el hombre y convoca a éste para que, vaciándose místicamente de sí mismo, se funda progresivamente en Él para ser uno y feliz en el Uno.

Sus agudísimas reflexiones (en latín escolástico) o en alemán naciente) tenían por objetivo mostrar a los creyentes (incluidos los de buena fe que militaban en movimientos espirituales emergentes, como el de las “beguinas” que pululaban Por Colonia, Estrasburgo o París) cómo estaban llamados a pensar, contemplar y vivir inmersos en el misterio de Dios: Dios, unidad esencial Fontal de la que todo fluye y a la que todo refluye, Ser en el que siempre fuimos, Ser que místicamente se da en nosotros tanto más cuanto nosotros ya no-somos, y Ser hacia el que nos elevamos mediante la purificación y vaciamiento de todo lo que no sea Él.


Enrique Susón (1295-1366)
 
Es un discípulo agradecido de Eckhart, cuyas lecciones frecuentó en Colonia. Al conocerlo y tratarlo quedó deslumbrado por su inteligencia, enseñanza y orientación. Para él es “doctor eminente, superior a los demás”, maestro en el "desposeimiento radical” y en la doctrina de la unión con Dios, "rosa sin espinas”, “hombre santo y bienaventurado”. Y esa admiración le hizo sentirse obligado a defender al Maestro y su doctrina cuando algunas proposiciones suyas fueran malinterpretadas y condenadas. Actitud valiente que, sin embargo, le originó muchas amarguras, humillaciones, críticas por temerario en su lenguaje teológico. Y eso no fue justo, pues su admiración y seguimiento no fue ciego ni total.



Juan Taulero (1300-1361)
No tuvo a Eckhart como maestro en Colonia pero asimiló muy bien su doctrina y escala mística, y no tiene reparo en decir que este maestro supera a Santo Tomás cuando habla, por ejemplo, de la presencia de Dios que nace en el alma, en el fondo del alma, como cielo del alma, tema clave en su teología mística.

Humanamente hablando, Taulero es una figura de gran personalidad, de audacia en sus expresiones teológico-místicas cuando el tema lo requiere, de profundidad especulativa cuando se lo propone. Pero habitualmente se muestra más comedido que Eckhart en sus afirmaciones, más abierto a la espiritualidad moderna, y siempre contundente frente al libre pensamiento. No fue poeta, pero sí brillantísimo predicador. Tampoco fue profesor, pero expone magníficamente su teología mística, y a veces sus sermones son auténticos tratados de espiritualidad. Muy pocos en la historia de la mística ha volado tan alto como él en las vivencias de la unión perfecta con Dios, según los grados de la escala del amor unitivo. 
NOTA: Queridos amigos: en este mismo blog, en el apartado Biblioteca, encontrarán escritos relacionados que les serán muy propicios para ahondar en estos temas. Sobre todo en el enlace: Abandono.com
... continuará en futuros posts...

domingo, 24 de agosto de 2014

LA FE

"La manifestación del ser absoluto a través de Cristo y su cruz sólo se puede entender si se comprende la entrega humana hasta la muerte como expresión del amor total. Así, la fe es una respuesta al amor que se vació por todos y cada uno. En consecuencia, creer es amar y nada puede ni debe ser creído sino el amor. En una sociedad donde todo se valora como beneficio económico y adquisición de prestigio social y poder y en donde se posterga lo demás como carente de utilidad, el cristianismo ha de proclamar que sólo el amor es digno de fe". (Hans Urs von Balthasar)


martes, 19 de agosto de 2014

ANHELO DE DIOS

Aprendamos de los monjes el anhelo de Dios. Este anhelo los aguijonea a encaminarse hacia el desierto, a luchar con consecuencia contra las pasiones, a ser fieles a la ascética.
Los monjes anhelan experimentar a Dios, ser uno con El, vivir en Dios la consumación de todos los anhelos. Dios es para ellos la realidad por excelencia. Por amor a Dios abandonan el mundo, por amor a Dios emprenden la lucha. Evidentemente han gustado a Dios y por eso no descansan hasta haberlo encontrado.
Un patriarca compara a un monje con un perro que tiene en su boca el gusto de la liebre y por eso no descansa hasta cazarla: "un monje debe observar los perros cuanzo cazan una liebre. Como sólo aquél que la ha avistado, la persigue; y los demás, al ver correr a ese perro, corren también detrás de él, pero cuando se cansan, regresan.
Sólo el primero que había visto realmente a la liebre, la persigue hasta atraparla; no se arredra, por el hecho de que los demás perros desistan de su carrera, ni vacila ante precipicios, bosques o matorrales, espinas ni heridas punzantes, hasta atrapar la liebre.
Así debe ser también el monje que busca a Cristo el Señor, ha de contemplar sin cesar la cruz y no reparar en todos los sinsabores que halle en su senda hasta alcanzar al crucificado" (Dichos de los Padres del Desierto).
La meta de la lucha, de la cacería, del camino, es Dios. Si como el perro lebrero, tenemos en nuestra boca el gusto de Dios, no nos dejaremos desalentar en nuestro camino espiritual, ni por contínuos conflictos dentro de la Iglesia o comunidades, ni por la depresión difusa que caracteriza a nuestra sociedad, ni por la secularización de nuestra época en la que a menudo se percibe muy poco a Dios.

lunes, 11 de agosto de 2014

ALGO SOBRE EL MIEDO A MORIR



        Quizá recuerdes aquella escena de la partida de ajedrez de la película "El séptimo sello", de Ingmar Bergman. Es la personificación de la Muerte, que juega con el hombre la partida decisiva. 
        Así, dramáticamente, como una lucha absurda y fatal contra un destino ciego, plantean algunos hombres su existencia, inmersa en una visión triste y angustiosa de la que no logran escapar. Cuando lo natural debiera ser asumir la muerte con serenidad, como una parte real y normal de la propia vida, como una certeza que nos lleva a redoblar nuestro esfuerzo para sacarle mayor partido a los años que nos quedan, esas personas se resisten a pensar en su origen y su destino. Han convertido la muerte en un tabú, en una cosa innombrable. 
         Hasta ahora, solo un verdadero sentido de la religión ha sido capaz de superar satisfactoriamente el temor a la muerte. El miedo a la muerte solo puede quedar contrapesado por la esperanza de una nueva vida. Para el creyente, la muerte es como tomarse una medicina amarga cuando uno está seguro de que con ella recobrará la salud.
         —Pero, aun teniendo eso claro, mucha gente tiene miedo a morir. ¿Por qué crees que resulta tan difícil aceptar la vida en el otro mundo?
        Es natural tener algo de miedo –o al menos respeto– a la muerte. Pero la muerte es algo natural (entre otras cosas, sería enormemente aburrido levantarse todas las mañanas, lavarse los dientes, vestirse y desayunar, milenio tras milenio). Podremos controlar nuestro miedo a la muerte cuando comprendamos que nuestra alma, nuestra verdadera esencia, jamás morirá.
 
        Cada minuto en esta vida es un paso a la eternidad, y si esa eternidad es el cielo, es un paso más hacia una bienaventuranza de dimensión tan extraordinaria que nadie sería capaz de describir.
 
 Así lo entendió finalmente –comentaba Martín Descalzo– aquella mujer afligida por el zarpazo de la muerte de unos seres queridos, cuando escuchó dentro de sí una voz que le decía: "Pero..., ¿ese es el modo que tú tienes de agradecer a Dios los padres y el hermano que disfrutaste durante tantos años?". Desde entonces esa señora hace regalos, en cada cumpleaños de los fallecidos, a instituciones de caridad.
        Hay una diferencia grande, de modo habitual, en la forma en que se recibe la muerte en familias sin fe y en familias con una verdadera fe. Un radical desgarro en unas, que contrasta con una honda serenidad en las otras. No saben cuánto pierden cuando pierden la fe. Si tuvieran fe -una fe hondamente vivida, se entiende-, en lugar de ver la muerte como el hoyo negro, fatal, donde toda vida humana se derriba y se hunde, como un final dramático de todo, la verían como el nacimiento a una nueva vida, como cuando la mariposa deja la crisálida de la que sale. El alma vive siempre y renace.
 
          La muerte es el máximo enigma de la vida. El hombre sufre con el dolor y la enfermedad, pero el máximo tormento es el temor por la desaparición perpetua. El hecho de la muerte aparece como un misterio ante el cual la imaginación del hombre sin fe naufraga por completo.
Dejáte amar por Dios y jamás dejes que te roben la esperanza ni la confianza en un Dios que te espera para confundirse contigo en un abrazo interminable.
Todos tendremos que atravesar el umbral que nos separa de la Felicidad Eterna y subir esa escala que nos lleve a El para siempre.
Dejáte abrazar por El ya aquí en la tierra prefigurando en la oración ese momento de unión sin fin.
 

sábado, 9 de agosto de 2014

NO DEJES DE ACUDIR AL AUXILIO DE MARIA

Poema tomado de la página de mi amigo, el Hermano Mario de Cristo Salvador. Fotos tomadas de la web.

«Si pretendes hallar a Dios propicio,

implora los auxilios de María;

porque es, para evitar el precipicio,

el norte más seguro que nos guía.

 

Es quien quebranta la cerviz al vicio,

es por quien el Señor tu gracia envía,

y, en fin, por quien dichoso el ser humano

tiene a Dios por amigo y por hermano.

 

Si con vehemencia la pasión te enoja,

si con rigor la tentación te oprime,

si cualquiera dolencia te congoja,

de María a las puertas llama y gime:

con fe tus males a sus pies arroja,

y a su piedad tu corazón se arrime;

que al devoto clamor de tu porfía

eco será el auxilio de María.

 

Si la Madre sintió llorar al Hijo,

luego previene el néctar de su pecho,

y en su regazo lo detiene fijo,

hasta que el niño queda satisfecho.

 

Aunque antes era esclavo, ya colijo

que me adoptas por hijo, sin despecho.

Eres mi Madre, tu piedad imploro;

dame tus pechos, porque humilde lloro».

 

De “Sermones de Taulero”
Reducidos a octavas reales por el P. Tomás de Magdalena

miércoles, 30 de julio de 2014

ESCUCHA...Reflexiones de las Buenas Nuevas Martes de la 17° Semana del Tiempo Ordinario Julio 29, 2014 En Memoria de Sta. Marta

Las hermanas Marta y María tuvieron dos formas diferentes de buscar la ayuda de Jesús. Marta era activa: le dijo a Jesús exactamente lo que quería de Él, qué mala situación debería ser corregida y quién debería ser sanado. Y María era contemplativa: ella escuchaba en silencio.
 
En una de las opciones para la lectura del Evangelio de hoy (Juan 11, 19-27), Jesús llega después que Lázaro había fallecido. Marta corre hacia Jesús para decirle en términos claros, que la vida de su hermano podría haberse salvado solamente si Él hubiera llegado antes. María, no obstante, se queda en la casa.
En la otra opción de la lectura del Evangelio de hoy (Lucas 10, 38-42), Marta es una buena anfitriona. Se preocupa de todo con amabilidad, un regalo para Jesús, mientras María se sienta a Sus pies para aprender de Él. Marta la hacendosa le dice que necesita ayuda y que María no está haciendo la parte que le corresponde.
Hablar con Dios sobre las injusticias, contarle nuestras necesidades, y pedirle Su ayuda es correcto y bueno. Pero cuando el pedido llega con la indirecta de que Dios no comprende la situación, estamos siendo ansiosos como Marta. Cuando pensamos que Dios se retrasa, no estamos confiando en Él.
Cuando oramos repetida y persistentemente en un creciente estado de preocupación, es tiempo de quedarse quieto y escuchar, como la tranquila María.

Fíjate en lo que Marta hizo después de hacer sus reclamos. Ella también escuchó. Y luego se dio cuenta que Jesús entendía más de la situación que ella.
Durante las oraciones de intercesión de la Misa, cuando decimos "Señor escucha nuestra oración", o "Escúchanos, Señor", me siento como si le dijera a Dios que escuche, como si Él no estuviera escuchando. En realidad, Él está tratando que yo escuche. 
 
Nunca deja de escuchar y preocuparse. Él conoce nuestras necesidades mucho antes de que comencemos a pedir. Necesitamos recordar que "Señor, escucha nuestra oración" realmente significa "Señor, recibe este regalo de oración. Gracias por escucharnos. Ayúdanos a escuchar Tu respuesta."
La ansiedad y la preocupación nos conducen a:
Dios aún no está convencido, por lo tanto debo seguir rogando, y si no actúa suficientemente rápido, epa, demasiado tarde, Lázaro murió." Observa la confianza que Jesús trataba de inculcar en Marta cuando llegó cuatro días tarde. Fíjate en la manera amorosa con que manejó su ansiedad, y míralo cómo te trata a ti de la misma manera.
¡Dios nunca llega tarde! Sus tiempos siempre son perfectos. Sus respuestas a nuestras oraciones son siempre qué y cuándo es mejor y más amoroso. Para calmarse y descansar en esta verdad, debemos quedarnos quietos y escuchar en clara conciencia de la bondad de Dios.

Silencio....... Quédate quieto........Escucha.......... ¡Él está aquí!...............