viernes, 19 de diciembre de 2014

ORACION

 
 Señor Poderoso
quiero poner en tu presencia
a esa persona que me cuesta amar.
Señor mío, guardo en mi corazón algo que me perturba.
No puedo aceptar a esa persona que me falló, me dañó, me rechazó o me olvidó.
 
Pero yo se que esta falta de perdón me hace mal,
me enferma,
me quita la alegría y la paz inerior.
Quiero liberar mi vida interior
y arrancar esta inquietud que a veces vuelve a molestarme.
 
Tú me amas, Señor, pero también quieres que ame 
a los demás
con ese amor que perdona, que comprende y espera.
Tú quieres que me libere de esas espinas escondidas
de resentimientos. 
Pero solo no puedo, Señor, no puedo. 
Por eso, dame la gracia de querer
verdaderamente perdonar,
coloca en mi corazón la decisión de arrancar de mí
todo rencor y todo deseo de venganza.
Dame el deseo de curar mi relación con esta persona
para que pueda recordarla otra vez con paz y sin angustia.
¡Libérame Señor! Amén.

miércoles, 10 de diciembre de 2014

UN ESPACIO PARA LA EXPERIENCIA Y PARA LA NO-EXPERIENCIA

 
En cada uno de nosotros hay un lugar en el que reina una calma absoluta, un lugar sin pensamientos ruidosos, sin preocupaciones ni deseos. Es un lugar en el que estamos totalmente con nosotros mismos. Este lugar, que ningún pensamiento enturbia, es, para Eckart, lo más valioso que tiene la persona. Es el punto en el que se realiza el auténtico encuentro entre Dios y la persona.
 
Debemos llegar a este lugar de silencio. No necesitamos crearlo, ya existe, sólo está sepultado entre nuestros pensamientos y preocupaciones. Si desenterramos este lugar de silencio que hay en nosotros, podremos encontrarnos con Dios tal y como es.
 
No nos aferraremos ni a nosotros ni a nuestros pensamientos, sino que nos soltaremos enteramente, nos dejaremos caer en el misterio de Dios que nos sostiene. No le ordenaremos a Dios cómo venir a nuestro encuentro, sino que estaremos abiertos para su venida tal y como El lo ha pensado para nosotros.
 
Aún liberando, en nosotros, este lugar de silencio, no podemos forzar una experiencia divina. Podremos sentir tan sólo el vacío y la oscuridad. Pero entonces, ya estamos abiertos para la venida de Dios. No esperamos con ansiedad e impaciencia una experiencia de Dios.
 
Por la fe sabemos que El está allí, aunque no lo experimentemos. Para los monjes, el silencio consiste en ser perseverantes y esperar, también en soportar la no-experiencia en la oración, en soltar la costa de tierra firme de los pensamientos y de las imagenes, en dejarse caer en el amor de Dios, en abrirse a la presencia de Dios sin la certeza de que percibiremos algo de todo ello. Es un silencio de la experiencia y de la no-experiencia al mismo tiempo, un silencio plenamente consciente de la proximidad de Dios.
 Meister Eckhart

miércoles, 3 de diciembre de 2014

CONFESAR NUESTROS PECADOS

Un artículo de Jose Antonio Pagola

Mc 1, 1-8
«Comienza la Buena Noticia de Jesucristo, Hijo de Dios». Este es el inicio solemne y gozoso del evangelio de Marcos. Pero, a continuación, de manera abrupta y sin advertencia alguna, comienza a hablar de la urgente conversión que necesita vivir todo el pueblo para acoger a su Mesías y Señor.
En el desierto aparece un profeta diferente. Viene a «preparar el camino del Señor». Este es su gran servicio a Jesús. Su llamada no se dirige solo a la conciencia individual de cada uno. Lo que busca Juan va más allá de la conversión moral de cada persona. Se trata de «preparar el camino del Señor», un camino concreto y bien definido, el camino que va a seguir Jesús defraudando las expectativas convencionales de muchos.
La reacción del pueblo es conmovedora. Según el evangelista, dejan Judea y Jerusalén y marchan al «desierto» para escuchar la voz que los llama. El desierto les recuerda su antigua fidelidad a Dios, su amigo y aliado, pero, sobre todo, es el mejor lugar para escuchar la llamada a la conversión.

Allí el pueblo toma conciencia de la situación en que viven; experimentan la necesidad de cambiar; reconocen sus pecados sin echarse las culpas unos a otros; sienten necesidad de salvación. Según Marcos, «confesaban sus pecados» y Juan «los bautizaba».
La conversión que necesita nuestro modo de vivir el cristianismo no se puede improvisar. Requiere un tiempo largo de recogimiento y trabajo interior. Pasarán años hasta que hagamos más verdad en la Iglesia y reconozcamos la conversión que necesitamos para acoger más fielmente a Jesucristo en el centro de nuestro cristianismo.
Esta puede ser hoy nuestra tentación. No ir al «desierto».
Eludir la necesidad de conversión. No escuchar ninguna voz que nos invite a cambiar. Distraernos con cualquier cosa, para olvidar nuestros miedos y disimular nuestra falta de coraje para acoger la verdad de Jesucristo.
La imagen del pueblo judío «confesando sus pecados» es admirable. ¿No necesitamos los cristianos de hoy hacer un examen de conciencia colectivo, a todos los niveles, para reconocer nuestros errores y pecados? Sin este reconocimiento, ¿es posible «preparar el camino del Señor»?

domingo, 30 de noviembre de 2014

PLEGARIA ECUMENICA EN TURQUÍA - 29.11.2014

Queridos amigos:

Les comparto este hermoso video. Oremos intensamente por esta intención
de la UNIDAD ENTRE LAS IGLESIAS CRISTIANAS.

Recuerden que para escuchar el video deberán poner pausa clickeando en las líneas perpendiculares del ícono "bella música" a la derecha y debajo de esta página. 



jueves, 20 de noviembre de 2014

CRISTIANISMO

Podemos empezar, por ejemplo, por considerar lo que ha supuesto el cristianismo en la historia de la humanidad. Piensa cómo, en los primeros siglos, la fe cristiana se abrió camino en el Imperio Romano de una forma prodigiosa...
        —Es algo muy estudiado. Estuvo facilitado por la unidad política y lingüística del Imperio, por la facilidad de comunicaciones en el mundo mediterráneo, etc.
        Todo eso es cierto. Pero piensa también que, pese a que esas condiciones eran favorables, el cristianismo recibió un tratamiento tremendamente hostil. Hubo una represión brutal, con unas persecuciones enormemente sangrientas, con todo el peso de la autoridad imperial en su contra durante más de dos siglos.
        Hay que recordar que la religión entonces predominante era una amalgama de cultos idolátricos enormemente indulgentes con las más degradantes debilidades humanas. Tan bajo había caído el culto, que la fornicación se practicaba en los templos como rito religioso. El sentido de la dignidad del ser humano brillaba por su ausencia, y las dos terceras partes del imperio estaban formadas por esclavos privados de todo derecho. Los padres tenían derecho a disponer de la vida de sus hijos (y de los esclavos, por supuesto), y las mujeres, en general, eran siervas de los hombres o simples instrumentos de placer.
        Tal era el mundo que debían transformar. Un mundo cuyos dominadores no tenían ningún interés en que cambiara. Y la fe cristiana se abrió paso sin armas, sin fuerza, sin violencia de ninguna clase. Predicando una conversión muy profunda, unas verdades muy duras de aceptar para aquellas gentes, un cambio interior y un esfuerzo moral que jamás ninguna religión había exigido.
        Y pese a esas objetivas dificultades, los cristianos eran cada vez más. Cristianos de toda edad, sexo y condición: ancianos, jóvenes, niños, ricos y pobres, sabios e ignorantes, grandes señores y personas sencillas..., y, tantas veces, perdiendo sus haciendas, acabando sus vidas en medio de los más crueles tormentos.
        Conseguir que la religión cristiana arraigase, que se extendiese y se perpetuara, a pesar de todos los esfuerzos en contra de los dominadores de la tierra de aquel entonces; a pesar del continuo ataque de los grandes poseedores de la ciencia y de la cultura al servicio del Imperio; a pesar de los halagos de la vida fácil e inmoral a la que llevaba el paganismo romano...; haber conseguido la conversión de aquel enorme y poderoso imperio, y cambiar la faz de la tierra de esa manera, y todo a partir de doce predicadores pobres e ignorantes, faltos de elocuencia y de cualquier prestigio social, enviados por otro hombre que había sido condenado a morir en una cruz, que era la muerte más afrentosa de aquellos tiempos... Para el que no crea en los milagros de los Evangelios, me pregunto si no sería este milagro suficiente.
Afonso Aguiló

viernes, 14 de noviembre de 2014

Libro de la Vida (1) Santa Teresa de Jesús. Carmelitas, Valladolid (España)

Queridos amigos:
Les comparto una serie de videos (unos 20 en total) de un curso que ha dictado la Madre Olga María del Redentor, priora del Carmelo de Campo Grande en Valladolid, España. Una joya que no debemos desperdiciar. Para el que le interese, le aproveche mucho.
Recuerden que deberán poner pausa clickeando sobre las líneas perpendiculares del ícono de "bella música" que figura debajo a la derecha de esta misma página.

martes, 11 de noviembre de 2014

Palabras a medianoche. Entrevista a la Madre Olga Maria del Redentor (01...


Recuerden amigos que para escuchar este bellísimo reportaje a Madre Olga María del Redentor, de Carmelitas de Valladolid, deberán poner en pausa la música de fondo de este blog, clickeando en el botón correspondiente del ícono "música bella". Lo ubicarán a la derecha y debajo de esta página.