jueves, 20 de noviembre de 2014

CRISTIANISMO

Podemos empezar, por ejemplo, por considerar lo que ha supuesto el cristianismo en la historia de la humanidad. Piensa cómo, en los primeros siglos, la fe cristiana se abrió camino en el Imperio Romano de una forma prodigiosa...
        —Es algo muy estudiado. Estuvo facilitado por la unidad política y lingüística del Imperio, por la facilidad de comunicaciones en el mundo mediterráneo, etc.
        Todo eso es cierto. Pero piensa también que, pese a que esas condiciones eran favorables, el cristianismo recibió un tratamiento tremendamente hostil. Hubo una represión brutal, con unas persecuciones enormemente sangrientas, con todo el peso de la autoridad imperial en su contra durante más de dos siglos.
        Hay que recordar que la religión entonces predominante era una amalgama de cultos idolátricos enormemente indulgentes con las más degradantes debilidades humanas. Tan bajo había caído el culto, que la fornicación se practicaba en los templos como rito religioso. El sentido de la dignidad del ser humano brillaba por su ausencia, y las dos terceras partes del imperio estaban formadas por esclavos privados de todo derecho. Los padres tenían derecho a disponer de la vida de sus hijos (y de los esclavos, por supuesto), y las mujeres, en general, eran siervas de los hombres o simples instrumentos de placer.
        Tal era el mundo que debían transformar. Un mundo cuyos dominadores no tenían ningún interés en que cambiara. Y la fe cristiana se abrió paso sin armas, sin fuerza, sin violencia de ninguna clase. Predicando una conversión muy profunda, unas verdades muy duras de aceptar para aquellas gentes, un cambio interior y un esfuerzo moral que jamás ninguna religión había exigido.
        Y pese a esas objetivas dificultades, los cristianos eran cada vez más. Cristianos de toda edad, sexo y condición: ancianos, jóvenes, niños, ricos y pobres, sabios e ignorantes, grandes señores y personas sencillas..., y, tantas veces, perdiendo sus haciendas, acabando sus vidas en medio de los más crueles tormentos.
        Conseguir que la religión cristiana arraigase, que se extendiese y se perpetuara, a pesar de todos los esfuerzos en contra de los dominadores de la tierra de aquel entonces; a pesar del continuo ataque de los grandes poseedores de la ciencia y de la cultura al servicio del Imperio; a pesar de los halagos de la vida fácil e inmoral a la que llevaba el paganismo romano...; haber conseguido la conversión de aquel enorme y poderoso imperio, y cambiar la faz de la tierra de esa manera, y todo a partir de doce predicadores pobres e ignorantes, faltos de elocuencia y de cualquier prestigio social, enviados por otro hombre que había sido condenado a morir en una cruz, que era la muerte más afrentosa de aquellos tiempos... Para el que no crea en los milagros de los Evangelios, me pregunto si no sería este milagro suficiente.
Afonso Aguiló

viernes, 14 de noviembre de 2014

Libro de la Vida (1) Santa Teresa de Jesús. Carmelitas, Valladolid (España)

Queridos amigos:
Les comparto una serie de videos (unos 20 en total) de un curso que ha dictado la Madre Olga María del Redentor, priora del Carmelo de Campo Grande en Valladolid, España. Una joya que no debemos desperdiciar. Para el que le interese, le aproveche mucho.
Recuerden que deberán poner pausa clickeando sobre las líneas perpendiculares del ícono de "bella música" que figura debajo a la derecha de esta misma página.

martes, 11 de noviembre de 2014

Palabras a medianoche. Entrevista a la Madre Olga Maria del Redentor (01...


Recuerden amigos que para escuchar este bellísimo reportaje a Madre Olga María del Redentor, de Carmelitas de Valladolid, deberán poner en pausa la música de fondo de este blog, clickeando en el botón correspondiente del ícono "música bella". Lo ubicarán a la derecha y debajo de esta página.


jueves, 6 de noviembre de 2014

LA BUSQUEDA HACIA LO ALTO

Gentileza blog Hesiquía

 Esta es la respuesta de uno de los hermanos de Hesiquía blog para la hermana Sole, sobre un comentario que ésta nos hizo llegar:

«Suelo orar con frecuencia repitiendo el nombre de Jesús, o la expresión: “Señor Jesús, ten misericordia de mí” A veces me sorprendo haciéndolo distraída y monótonamente. Intento volver a la Presencia pero me ronda el temor de hacer de esta oración un rito mágico y querer conseguir con ella una paz o una serenidad que tienen que ver más con el bienestar personal que con la gratuidad o el amor sincero. Tengo el peligro de mirarme más a mí que a Él. ¿Cómo salir de mí misma?».

 

Querida hermana, le saludo invocando a Jesucristo. Gracias por su comentario que nos brinda la oportunidad de comentar sobre la oración de Jesús y algunas particularidades. 

Lo que usted describe parece ser la experiencia a la que todos llegamos cuando hacemos alguna introspección. Descubrimos lo que ocurre en nuestra mente, advertimos posibles motivaciones, nos encontramos con aquello que siempre busca saciedad y beneficio.



La presencia de eso, que suele llamarse “ego”, detrás de nuestras actividades es algo propio de la existencia humana y su condición actual. Usted dice: “Intento volver a la Presencia pero me ronda el temor de hacer de esta oración un rito mágico y querer conseguir con ella una paz o una serenidad que tienen que ver más con el bienestar personal que con la gratuidad o el amor sincero”.

 

Pues bien, difícilmente encontremos actos propios que sean desinteresados, gratuitos y propios del amor sincero. Por lo general, todo lo que hacemos va mezclado de nuestros propios intereses, incluso aquellos que se dirían más abnegados. Forma parte de nuestra estructura humana actual, esto de buscar para nosotros un bienestar, sea que lo persigamos a través de una apetitosa comida, del reconocimiento social, de la construcción de una casa para vivir o incluso de la oración y la devoción hacia Dios.

En la oración, acto de entrega y confianza, conviene dejar estas y otras cosas en manos de Jesús, de Aquél a quién se invoca. De otro modo, nuestra misma inquietud por la perfección en la oración, podría desviar nuestra mirada del objeto de nuestra invocación. La oración misma irá depurando nuestra mente y a sus motivaciones inherentes. 

 

En nuestra experiencia, la oración de Jesús hecha con unción, brinda paz y serenidad al alma, ayuda a situarse en una confiada entrega. Nuestras oraciones forman parte de la búsqueda y del anhelo del encuentro con Dios, incluso cuando la hacemos distraídamente. A pesar de que a veces busquemos una solución “mágica” para nuestras desventuras. Nuestra oración siempre será imperfecta, casi siempre nos miraremos más a nosotros que a Él, el portador de la Presencia.

Sin embargo, el valor de la oración no radica en las cualidades de quién la ejecuta, sino en Aquél a quién ésta invoca. Aun cuando con frecuencia nos encontremos mirándonos solo a nosotros mismos, aun cuando no podamos olvidarnos de nosotros para sumergirnos en Dios, el acto mismo de tender hacia Él, basta. Esa imperfecta búsqueda hacia lo Alto, ese deseo de amar más y mejor, son ya una forma de oración».

sábado, 1 de noviembre de 2014

RETIRO DE SILENCIO EN LOS TOLDOS

Queridos amigos:

Hemos regresado del Retiro programado para el 27-30 de octubre en el Monasterio Benedictino de Los Toldos, provincia de Buenos Aires.
Creo, sin temor a equivocarme, que abordar el silencio, aunque sea por un corto período de tiempo, es una de las cosas que más asusta al ser humano de hoy.
 
En esta hermosa Abadía, hemos tratado de practicarlo y para ello nos ayudaron las charlas del Padre Juan Carlos, OSB, monje benedictino.
Como frases conclusivas y relevantes tomaré las siguientes:
La Palabra sólo puede ser pronunciada y oída en el silencio exterior e interior. Por ello se ha de educar al Pueblo de Dios en el valor del silencio. Se trata de redescubrir el sentido del recogimiento y del sosiego interior.
La contemplación es silencio o "amor silencioso" dirá Juan de la Cruz. En este silencio insoportable para el ser humano "exterior", el Padre nos da a conocer a su Verbo encarnado, sufriente, muerto y resucitado y el Espíritu filial nos hace partícipes de la oración de Jesús.
Se trata precisamente de recoger todo nuestro ser bajo la moción del Espíritu Santo, habitar la morada del Señor que somos nosotros mismos, despertar la fe para entrar en la presencia de Aquél que nos espera, hacer que caigan nuestras máscaras y volver nuestro corazón hacia el Señor que nos ama para ponernos en sus manos como una ofrenda que hay que purificar y transformar.
Pablo VI nos dirá en un discurso: " Nazaret es la escuela donde se comienza a entender la vida de Jesús: la escuela del Evangelio... Aquí en esta escuela, comprendemos la necesidad de una disciplina espiritual si queremos seguir las enseñanzas del Evangelio y ser discípulos de Cristo. Su primera lección es el silencio, este admirable e indispensable hábito del espíritu, tan necesario para nosotros que estamos aturdidos por tanto ruido, tanto tumulto, tantas voces de nuestra ruidosa y en extremo agitada vida moderna.
Oración: ¡Silencio de Nazaret, enséñanos el recogimiento y la interioridad, enséñanos a estar siempre dispuestos a escuchar las buenas inspiraciones y la doctrina de los verdaderos maestros.
Enséñanos la necesidad y el valor de una conveniente formación, del estudio, de la meditación, de una vida interior intensa, de la oración personal que sólo Dios ve". ¡María, maestra de la escucha orante! ¡Ruega por nosotros!
¡Gracias querido Padre Juan Carlos por la enseñanza impartida y por acompañarnos en este Ejercicio Espiritual!

martes, 14 de octubre de 2014

EJERCICIOS PARA FACILITAR LA ORACION

Un aporte de mi amigo Adrián José.

Ejercicios para el próximo retiro espiritual. Que cualquiera puede practicar por si mismo.

Ejercicio 0:Propósito del ejercicio: aquietar las aguas interiores.
 

Muchas veces uno se sienta a meditar sin estar listo para hacerlo...
¿A qué me refiero? A la situación donde uno trae en la cabeza un bagaje de cosas, las cuales nos tienen en un estado de excitación y euforia tal, que se hace imposible sostener la atención en la escucha de los sonidos exteriores, menos meditar en profundidad y menos aun darse cuenta de algún bloqueo o menos aun contemplar de manera sostenida...
Creo que para estos casos es bueno el "Ejercicio 0", donde lo mejor es hacer una caminata solitaria, lenta, tranquila, observando la naturaleza,
y después sentarse y aguardar un poco en quietud y con los ojos cerrados, hasta que el cuerpo ceda poco a poco, observar la respiración y luego repetir la plegaria, hasta que las aguas se aquieten y el barro se deposite en el fondo...
 
O sea que sería meditar del modo habitual, pero con más calma, sabiendo que tenemos todo el tiempo del mundo por delante. Aunque no sea real, por que un día moriremos, así que un poco de voluntad hacia el silenciamiento es bueno aplicar...

En todo caso es bueno realizar el ejercicio 0 antes de empezar con el 1.


Ejercicio 1:
Propósito de ejercicio: identificar los obstáculos para entregarnos a la oración contemplativa.

Puede tomar dos o tres horas practicar este ejercicio. Para comenzar es importante saber que hay dos tipos de atención, una focalizada y la otra panorámica. En la focalizada la atención se centra en una sola cosa y en la panorámica se distribuye en todo lo que sucede. Pero también hay algo muy importante que en general se da solo, pero saberlo no viene demás. Esto es, que al situar la atención en un objeto podemos hacerlo de dos maneras también: una es proyectando nuestro conocimiento y nuestro juicio sobre el objeto y la otra es percibiendo el objeto de una manera pura o transparente, o sea, sin inmiscuir mis conocimientos, pensares o juicios sobre él. La situación correcta es muy similar al percibir pero sin que me importe lo que percibo. Por ejemplo, si escucho ladrar un perro, no analizo si es grande o pequeño y si estoy a salvo de él, ya que si fuera así, no me serviría para este ejercicio el ladrido de un perro, convendría focalizarme en el sonido del viento, o en mi respiración o en mi cuerpo.
 

El ejercicio consiste en sentarse en meditación, y situar la atención focalizada en cualquier cosa que esté sucediendo fuera de la cabeza.
 
Puede ser el canto de un pájaro, el cuerpo, la respiración, etc.
 


No importa si se cambia de objeto; lo importante es mantener la atención fuera de la mente, de las propias emociones, pensamientos, juicios y conocimientos, el tiempo suficiente para tomar distancia de lo que sucede en ella y lograr esa habilidad simple de ver sin proyectarme en lo que veo. Crear un observador y distanciar el observador de lo observado lo más posible. Una o dos horas.
 

Al tomar distancia de esta manera, se puede observar la mente, y lo que encontraremos será nuestro ego, reflejado en emociones, pensamientos, juicios y conocimientos, formando un muro de protección que impedirá vernos tal cual somos, contraponiendo esa hermosa imagen que tenemos de nosotros mismos.


Entonces, al observar ese muro, debemos cuestionarnos el por qué está allí, ¿de qué quiere protegerme? El problema es que al necesitar protegernos de algo generamos tal tensión emocional, que no nos permite sentir el gozo del presente. Una de las maneras de deshacer el muro es reconocer el por qué está allí, el ser conscientes de él y de qué me protege. Preguntarnos, por ejemplo, si el muro emocional es por ira, porque no nos dan la importancia que queremos, o tristeza por no sentirnos queridos, o miedo, etc. O sea, usar palabras para identificarlo, reconocerlo y verlo en detalles.
 
Y seguramente cuando demos con la respuesta correcta, la tensión emocional egoica desaparecerá, permitiéndonos ser y sentir en libertad.
Entonces sobreabundará la paz. Luego meditaremos con la plegaria y seguramente todo nuestro ser repetirá la plegaria de una manera unificada, ya que el ego no molestará. Repetir la plegaria unificando todo el ser en la oración, ya que el clima interior será entonces muy propicio para la unificación. Contemplación.

 

Ejercicio 2:
Propósito: Sostener la atención a lo largo del día
En el ejercicio 1 descubrimos los obstáculos y los deshacemos. En el 2 no dejamos que aparezcan: vamos al origen.

Consiste en estar atentos todo el día para no generar muros, principalmente al relacionarnos con los demás, y sostener el gozo interior y la oración. Contemplación.
Para realizarlo debemos, ante cada acción, focalizar la atención en la intención. Saber qué me mueve a hacer o decir o pensar en algo. Reconocer si estoy armando un nuevo muro o tensión emocional, en los comienzos de la edificación del mismo. 
Si es así, lo mejor es, como dice un amigo monje, dejarnos derribar en el primer golpe. El golpe dolerá pero la sensación será mucho menos dañina que construir un nuevo muro.
 
Ejercicio 3:
Propósito: Adquirir la habilidad para detectar y disolver muros rápidamente.
Cuando se usan el ejercicio uno y dos por un tiempo, se comienzan a generar herramientas internas de reconocimiento, y no hace falta tanto tiempo para llegar a la contemplación.
 
Consiste en adquirir una habilidad personal en silenciar el diálogo con los pensamientos, y relajar las tensiones emocionales previas a que se generen nuevos muros. Ya no habrá golpes ni dolores, solo risa delante de nosotros mismos y nuestros mecanismos de acción y reacción.
Esto nos permitirá percibir y vivir en conciencia y libertad, contemplando casi constantemente.

Ejercicio 4
Propósito: Incorporar la voluntad

Parecido al primero, pero le sumaré la voluntad. Antes hablaba de este ejercicio como del control de la mente para conducirla a la compasión, y es lo mismo, creo, pero sin ser esotérico. Es algo así: Deseen la felicidad de todos los seres que los rodean en este momento y hagan lo necesario para que estos seres sean realmente felices... Seguramente se levante un nuevo muro, que estará muy relacionado al juicio y al poder... así que, como en el ejercicio uno, hay que disolverlo....





Este es un entrenamiento natural a lo que siempre debimos haber sido con respecto al amor a uno mismo y al prójimo, ya que corroboraremos de una manera muy sencilla y experiencial que el amor a uno mismo es en el prójimo y que nunca se separa de la oración.

domingo, 5 de octubre de 2014

ENTONCES SE TRANSFORMARAN LOS SENTIMIENTOS

Para mí la Oración de Jesús es la ejercitación concreta en la vida de Cristo y con Cristo.
 
Les propongo practicar la Oración de Jesús. Siéntense cómodamente y presten atención a su respiración. Dejen que su aliento los guíe hacia el interior. Sobre todo exhalen lentamente. Luego armonicen la Oración de Jesús con su ritmo respiratorio. Al inspirar pueden decir: "Señor Jesucristo" y al exhalar: "Ten misericordia de mí". Si esta fórmula les resulta muy larga, digan símplemente "Jesucristo" al inspirar y "Misericordia" al exhalar. No reflexionen sobre las palabras, sino confíen en que en esas palabras, Cristo mismo está en ustedes colmándolos más y más con su misericordia. Dejen que esas palabras los guíen hacia el aposento interior, donde Cristo mismo habita en ustedes y que está lleno de la calidez de su amor y misericordia. Si practican esta oración durante 20 ó 30 minutos por la mañana y por la tarde o noche, se serenarán y podrán vislumbrar lo que significa estar en Cristo. 
 Al practicar la Oración de Jesús, experimento a menudo que me hace bien que Cristo determine mi interioridad, que en virtud de su misericordia, yo me trate más misericordiosamente. De esa forma, ya no me determinarán más el enojo ni el miedo ni los celos ni la tristeza ni el vacío. Porque la misericordia de Jesús genera en mí una profunda paz interior. No hace falta que traten de expulsar los pensamientos y sentimientos negativos; pero sería bueno que practiquen la Oración de Jesús proyectándola sobre esos pensamientos y emociones. Y cuando hayan repetido largamente "Señor Jesucristo, ten misericordia de mí", dirigiendo la oración hacia sus enojos, miedos, autorreproches, etc. van a experimentar que ustedes se vuelven más misericordiosos con ustedes mismos,  que los sentimientos negativos ya no son como una montaña que los aplasta, sino que se convierten en desperdicios que terminarán por abonar los frutos del Espíritu Santo que florecerán en vuestros corazones.
 
"¡Jesús manso y humilde de corazón, haz mi corazón semejante al tuyo!"